Oscuridad. Durante algunos minutos, y solo porque se siente la silla en las nalgas, el tacto es el único sentido que trabaja. Da lo mismo tener los ojos abiertos que cerrados. De pronto comienza la música. El aire se transforma. La oscuridad comienza a moverse. Sí, se mueve, pero no se perciben los cuerpos. Como si la vibración musical batiera el aire, los colores que el iris imagina (preguntar a un oftalmólogo cómo se llama esto) comienzan su danza. No es sencillo explicarlo. Hay que vivirlo, sentirlo, experimentarlo para comprenderlo. Cualquiera puede hacerlo, basta con ir el segundo martes de cada mes a ver al Ensamble Chancho a Cuerda en el Teatro Ciego.
Este sitio está dirigido a mochileros que llegan a la Argentina, tratando de puntualizar en aquellas personas que están realmente viajando por el mundo y no sólo de vacaciones. Brindándole datos específicos, concretos y simples para poder aprovechar al máximo sus posibilidades de tiempo y dinero.
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domingo, 15 de mayo de 2011
Un viaje musical que amplía la frontera de los sentidos
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