“Por estas calles de Buenos Aires Voy derramando mis alegrías En cada barrio, voy volcando mis canciones lleno de anhelo, lleno de vida. Calles porteñas de Buenos Aires, Viejas cortadas, llenas de sol, Canchas de foot-ball, pa los purretes y en donde queda todavía un farol”
(Fragmento del tango “Calles de Buenos Aires”, de Nolo López y H. Morales)
La ciudad de Buenos Aires podrá hacer gala internacionalmente de tener las avenidas más larga y más ancha del mundo, pero el verdadero encanto porteño se percibe en esas calles laberínticas, de adoquines y veredas mal cuidadas, que transpiran historia. Esos pasajes en los que, cuando uno menos se lo espera, aparece una milonga, una parrilla, un centro cultural, escondido en un recoveco.
Esa es la verdadera Buenos Aires, la que los buses de turismo no recorren porque sus dimensiones hacen imposible la tarea. En ellos se muestra lo más glamoroso de una ciudad que siempre imitó a las grandes metrópolis europeas: majestuosos edificios, imponentes catedrales, plazas, fuentes,monumentos.
